martes, 31 de mayo de 2011

Huysmans y sus ínferos modernos

Los autores adscritos al Decadentismo coincidieron en dos elementos fundamentales: el rechazo sistemático a la sociedad burguesa de la época y en su profundo propósito de desvincular al arte de todo principio moral. Dichas premisas son observadas en la narración de Allá Lejos de Huysmans.  Como este autor, otros escritores  van a adoptar una actitud vital y artística llena de pesimismo, a mediados de siglo por poetas y escritores como Baudelaire y Nerval que en su momento no tuvieron repercusión pero que son retomados en este momento. escepticismo e insatisfacción ante las tendencias racionalistas y materialistas predominantes en el mundo de la industrialización y del progreso.
                                      
La conciencia de estar viviendo una fase de descomposición  llevo a Huysmans y a otros decadentistas a refugiarse en el aislamiento de infiernos interiores ya , paradójicamente, cultivar las manifestaciones extremas del declive: lo enfermizo, lo anormal, lo depravado para la cultura cristiana occidental. En Allá lejos se dice (p. 21-24)
 Sobre el cadáver en erupción aparecía la cabeza tumultuosa y enorme; ceñida por una corona de espinas, colgaba extenuada, entreabría apenas un ojo demacrado en el que aún temblaba una mirada de dolor y espanto; la cara era monstruosa, la frente estaba desmantelada; las mejillas, secas; todos los rasgos lloraban caídos, pero la boca reía abierta, contraída por sacudidas tetánicas, atroces. [...] ¡Ah!, ante aquel Calvario sucio de sangre y mezclado con lágrimas, ¡qué lejos estaba uno de los Gólgotas bonachones que la Iglesia escoge desde el Renacimiento! [...] Aquel era el Cristo de Justino, de San Basilio [...], el Cristo de los primeros siglos de la Iglesia, el Cristo vulgar, feo, porque cargó sobre sí la suma de los pecados y se cubrió, por humildad, de las formas más abyectas. [...]Como última humildad, sin duda, había soportado que la Pasión no desbordara la amplitud permitida a los sentidos; y, obedeciendo órdenes incomprensibles, había aceptado que su Divinidad quedara como interrumpida tras las bofetadas y los vergajazos, los insultos y los salivazos [...]. Así había podido sufrir mejor, jadear, reventar como un ladrón, como un perro, con suciedad, con bajeza, hasta la ignominia y la podredumbre,  hasta la última afrenta del pus.


 El  espíritu inconformista e iconoclasta de la época  se va a manifestar, así,   de diversas formas en  las postremerías del siglo XIX en dandismo, nihilismo, cinismo, o, misticismo. En Durtal, antihéroe de la novela,  lo real está más allá de lo tangible y visible y aunque aprecia y calibra las aportaciones del naturalismo y el anterior movimiento realista,  Huysmans se percata de que el arte es un espejismo más, otra experiencia vacua si el arte se genera como imitación pero sin espiritualidad. El naturalismo espiritual, por ende, implica una renuncia y una paradoja: la literatura no puede ser realista si, como Zola, pretende reflejar la realidad, ya que lo perceptible no es real; la mímesis construye sobre un abismo.
Las conversaciones entre Durtal y Des Hermies tienen lugar generalmente en una abarrotada y confortable biblioteca pero otras veces pasean por las calles de París o visitan iglesias como la famosa Saint-Sulpice. En ésta por ejemplo, donde vivía un matrimonio en las estancias superiores de una de las torres, Durtal no puede evitar echar un vistazo a los libros aun habiéndole advertido el Sr. Hartaix, quien a la postre vivía allí con su mujer, que trataban casi exclusivamente de campanas. Allí comían diferentes platos cocinados por ella y queso con excelente vino.
Gilles de Rais es un caso asombroso entre la enormidad de biografías. Pasó de ser un joven de buena familia, bien parecido, erudito, mariscal, inmensamente rico, amante de la belleza y los objetos raros, a ser un demonio enloquecido asesino y violador de niños. Parece ser que estuvo alrededor del proceso a Juana de Arco y su posterior suplicio en la hoguera. Así que dejó a su mujer con quien lo habían casado a los dieciséis años y se enclaustró en su castillo “Tiffauges”. Allí, valiéndose de su inmensa fortuna y del sumiso servicio doméstico, comenzó a raptar niños desde las comarcas de los alrededores. Parece ser que asistía a misas negras y hacía rociar las hostias en polvo de carne chamuscada mezclada con sangre. Por cierto, se cree que escribió algunas páginas con sangre de niño.

El descubrimiento de Grünewald, por otra parte,  le proporciona un nombre para su escritura: naturalismo espiritual en Allá lejos y también la predilección artística por lo absoluto y medieval .  Huysmans desviste lo tangible que no es real, lo visible que no tiene contornos, y sólo acepta la realidad de su yo. Un yo privado de un cuerpo, ya que éste se transfiere a los asuntos espirituales, al más allá de lo visible que, gracias a este proceso de intercambio, se vuelve el único tema digno del realismo novelesco. Si realismo literario –más el inglés que el francés– había jugado con la oposición de códigos: urbano contra rural, burgués contra aristocrático, estético contra vulgar,  las interferencias entre los códigos producen el caos, cuya consecuencia son disturbios sociales y la pérdida definitiva de ciertas formas de vida.
 El naturalismo espiritual de Huysmans da un paso más. No hay código aceptable para el individuo que está consciente de la decadencia: de la propia y de la de su mundo. El drama absurdo  se vislumbra: palabras y gestos vacíos, no funciona nada, cuerpo y mente son separados y operan uno al lado de la otra, mas operan sin objetivo. De este modo, el darse cuenta del sinsentido, al aceptarlo y, eventualmente, disfrutar de su encanto estético, podrían ser la última consecuencia del programa realista decimonónico. Durtal, el protagonista de la novela, se adentra paulatinamente en la tradición satánica, explorando su mitología, sus razones de ser, sus motivaciones, y los cambios que ha sufrido a través de la historia. En el trayecto, Huysmans se aparta una y otra y otra vez del que, a priori, podría parecer su objetivo principal y nos ofrece interesantes perspectivas en lo referente a literatura (en más de una ocasión arremete violentamente contra el Naturalismo defendido por diversos escritores, entre ellos Émile Zola), al arte religioso (deliciosa la descripción de una pintura de la Crucifixión de Mathaeus Grünewald), a la Edad Media.
La religiosidad de Huysmans desde entonces hasta ostracismo religioso último,  nunca dejó de ser medieval. La vecindad entre la fe y la duda, entre las creencias espirituales y un decadentismo muy material, perturban aun a Huysmans. No olvida las enseñanzas de los pintores: de Grünewald, Moreau y Redon, de sus antepasados holandeses. El reino de Dios es de este mundo y se manifiesta en el lodo y el crimen. La espiritualidad del Bautista no atrae, pero sí su cabeza presentada, yaciendo sobre un plato, a una lasciva Salomé bailando desnuda ante el poder mundano de Herodes. No hay trascendencia que pueda alejarnos de este mundo. Grünewald había pintado el dilema: las visiones, la revelación, no importa si gnóstica o puramente ingenua, se presentan en colores brillantes y sensuales, inasequibles para el pincel o la pluma, irreales, no existentes por ende en Allá lejos(pp. 22- 23):
Los cuerpos que ha masacrado y cuyas cenizas ha hecho tirar en los fosos resucitan en forma de larvas y lo atacan por las partes bajas. Se debate, chapotea en la sangre, se yergue sobresaltado, y, encorvado, se arrastra a cuatro patas, como un lobo, hasta el crucifijo, cuyos pies muerde rugiendo.
Después, un cambio repentino lo sacude. Tiembla ante Cristo, cuya cara convulsa lo mira. Le adjura a que tenga piedad, le suplica que lo salve, solloza, llora, y, cuando no pudiendo más, gime en silencio, oye, aterrorizado, llorar en su propia voz las lágrimas de los niños que llamaban a sus madres y gritaban merced.
 Los   intereses de Huysmans discurrían por los caminos del ocultismo por el cual se sentía vivamente atraído. En 1895 prestó su casa a Madame Thibaut, una de las sacerdotisas y videntes de la secta de Boullan, para que celebrara los cultos establecidos por Vintras y Boullan. La Thibaut tenía la particularidad de "ver" a distancia las manipulaciones satánicas de los enemigos de Boullan y de Huysmans y describir sus movimientos con el menor detalle. Todo induce a pensar que se trataba de pura fantasía y el propio Huysmans debió convencerse al cabo de tres años de albergar a la Thibaut en su domicilio, donde oficiaba en calidad de lo que el profesor Introvigne ha definido como "exorcista doméstica". Huysmans tuvo conocimiento de estas peripecias por otro amigo escritor, justo en el momento en que intentaba recopilar materiales para escribir una novela centrada en torno al satanismo contemporáneo y a la figura de Gilles de Rais, el brazo derecho de Juana de Arco, pasado luego a la brujería y al satanismo. Fue precisamente, su gran enemigo, Stanislas de Guaita, quien facilitó a Huysmans la dirección de Boullan, tras haberle advertido que encontraría allí las peores iniquidades. Quizás por eso Huysmans tomó contacto con Boullan a principios de 1890. El propio Oswald Wirth, infiltrado en el grupo de Boullan, advirtió a Huysmans sobre el ambiente que rodeaba al heresiarca.Todo esto, unido a las informaciones entregadas por el periodista Jules Bois, amigo íntimo y colaborador de Huysmans, constituyeron el material inédito sobre el cual elaborará una de las novelas más apasionantes y cautivadores de la literatura finisecular: "La Bas", "Allá Abajo". Todos los implicados en el asunto de Berthe, el canónigo van Haecke, el entorno de Boullan, el propio Huysmans, aparecen como personajes de la novela e incluso los rosacruces son mencionados despectivamente.
Huysmans anduvo siempre en la cuerda floja, sintiendo el vértigo de la atracción por el vacío del vicio (satanismo, magia sexual, erotismo morboso) y por la virtud (su búsqueda espiritual fue sincera y le llevó a la serenidad final), pero para llegar a ella tuvo que recorrer un camino, cuanto menos, problemático. Y sus derivaciones fueron, así mismo, problemáticas: no en vano es en el clima de espectación surgido tras la publicación de "Allá Abajo" que aparecen los escritos de Leo Taxil, vinculando la masonería al satanismo y que son, en definitiva, hijos bastardos de la obra de Huysmans.

1 comentario:

  1. ¡Es bueno encontrar algo de Huysmans en la red! En definitiva, creo que el decadentismo es una veta muy grande para investigar, sobretodo por las maneras que sus autores idearon para sobrellevar su descontento.
    El caso de Huysmans me parece muy curioso, su tránsito del naturalismo al espiritualismo. A veces creo que a los lectores del siglo XXI, cómodos con las clasificaciones hechas por los estudiosos, les cuesta trabajo comprender este desenvolvimiento. Por eso vale la pena devolverlos a su tiempo - uno muy interesante, por cierto, donde convivían satánicos, místicos y ocultistas -.
    Me gustó mucho tu comentario, pero lo único que agradecería es que no escribieras en negro, porque con el fondo rojo es difícil de leer.
    ¡Mucha suerte!
    Agliè

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